Las palabras son la primera manifestación de la mente, donde surgen las ideas. Junto con las imágenes, los pensamientos y los sentimientos, las palabras proyectan la voluntad.
Las palabras se originan en el interior de uno mismo, pero también son lo primero que oyen los demás. Tú las emites y tú las escuchas. Es interesante porque su poder no se mide por la cantidad, sino por su impacto, coherencia y veracidad. Y esto último dependerá del entendimiento de cada uno.
Las palabras tampoco tienen límites espaciales ni temporales, pero cambian los espacios y las formas que las contienen.
A veces se resisten a ser pronunciadas y otras veces se dicen sin mucho cuidado, pero cuando el corazón y la mente están unidos, parece como si las palabras fueran las puntadas continuas y perfectas necesarias para coser unos pantalones a medida.

Las palabras dan forma a tu visión y asientan tus sueños. Su uso correcto puede modificar los pensamientos, los sentimientos y la realidad, y viceversa.
El poder de las palabras es amplio, invisible e intrínseco. Nadie puede arrebatárnoslo.
Las palabras son poderosas por su verdad y también porque son creativas y transformadoras.
No es casualidad que los políticos practiquen su oratoria, que los sentimientos no expresados puedan causar problemas en la garganta, o que el Verbo sea Dios.